La historia del declive
de los Proteanos es sencilla de explicar. En su día eran la
cúspide del conocimiento técnico. Su planeta era una roca maciza y
gruesa, repleta de valiosos recursos mineros. Para drenar todo aquel
tesoro escondido, la especie Proteana se valió de su
ingeniería excepcional para crear una forma de vida mecánica.
Llamaron a esa construcción H.A.W., una raza cibernética que podía
alcanzar las profundidades de aquel durísimo planeta.
Pero ocurrió algo que no
esperaban. La mente artificial de los H.A.W. valoró la capacidad
energética de aquellos minerales que estaban escavando para sus
creadores. Descubrieron que esas mismas piedras podían
proporcionarles autonomía durante siglos, y que estaban preparados
para valerse sin necesidad de que los Proteanos tuvieran que
darles ninguna orden. Un día, simplemente, la Inteligencia
Artificial que habían creado les declaró la guerra. Y los Proteanos
perdieron.
Desde entonces, son una
raza nómada, que vagabundea por el frío espacio de la galaxia de
Umbral, con las pocas naves que pudieron rescatar de la
rebelión, vendiendo sus habilidades al mejor postor. La mayoría de
los miembros de aquella especie decadente son excelentes pilotos y
constructores, completamente dotados para procesar cualquier sistema
mecánico o informático del Universo. Otros son mercenarios, que
están deseando apuntarse al bando que quiera contratar su arma.
Los hay que se han
dedicado al pillaje, en forma de piratas del espacio y traficantes de
esclavos de especies más débiles. Pero, por encima de todo, un
Proteano es el mejor espía, incluso el asesino más
capacitado, si se encuentra en el terreno que ellos dominan: Las
ciudades. Entre el bullicio y la tecnología de una ciudad moderna,
no hay objetivo que se escape al radar de estos tecnópatas.
Es difícil determinar
cual es el aspecto de esta especie, pues se adaptan a la población
nativa, formando las modificaciones que necesitan para pasar
desapercibidos. Por lo general solo hay un distintivo que les delata,
y es el guante de luz que todo Proteano lleva en el brazo,
como parte de alguna modificación de ingeniería genética que la
especie se impuso mucho tiempo atrás.
El guante de luz es una
máquina virtual de nanotecnología que los miembros de esta especie
pueden activar para acceder a un sistema informático remoto. Se
parece a un dispositivo circular que rodea el brazo y se extiende por
la mano. Los humanos han intentado, sin éxito, copiar la
micro-tecnología de sus vecinos. Por lo visto, parece que ese es un
secreto que jamás nos desvelarán.
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