domingo, 8 de julio de 2012

Prólogo (6)

Pese al peligro que representan estas dos especies, la Humanidad ha procurado mantener siempre mil ojos sobre una tercera especie avanzada. Los Proteanos son solo la sombra de lo que un día fueron, desde que su mundo natal fue exterminado por su ambición tecnológica. Sin embargo, los Proteanos continúan manteniendo su estatus mediante relaciones de comercio y espionaje con casi todas las especies del Universo.

La historia del declive de los Proteanos es sencilla de explicar. En su día eran la cúspide del conocimiento técnico. Su planeta era una roca maciza y gruesa, repleta de valiosos recursos mineros. Para drenar todo aquel tesoro escondido, la especie Proteana se valió de su ingeniería excepcional para crear una forma de vida mecánica. Llamaron a esa construcción H.A.W., una raza cibernética que podía alcanzar las profundidades de aquel durísimo planeta.

Pero ocurrió algo que no esperaban. La mente artificial de los H.A.W. valoró la capacidad energética de aquellos minerales que estaban escavando para sus creadores. Descubrieron que esas mismas piedras podían proporcionarles autonomía durante siglos, y que estaban preparados para valerse sin necesidad de que los Proteanos tuvieran que darles ninguna orden. Un día, simplemente, la Inteligencia Artificial que habían creado les declaró la guerra. Y los Proteanos perdieron.

Desde entonces, son una raza nómada, que vagabundea por el frío espacio de la galaxia de Umbral, con las pocas naves que pudieron rescatar de la rebelión, vendiendo sus habilidades al mejor postor. La mayoría de los miembros de aquella especie decadente son excelentes pilotos y constructores, completamente dotados para procesar cualquier sistema mecánico o informático del Universo. Otros son mercenarios, que están deseando apuntarse al bando que quiera contratar su arma.

Los hay que se han dedicado al pillaje, en forma de piratas del espacio y traficantes de esclavos de especies más débiles. Pero, por encima de todo, un Proteano es el mejor espía, incluso el asesino más capacitado, si se encuentra en el terreno que ellos dominan: Las ciudades. Entre el bullicio y la tecnología de una ciudad moderna, no hay objetivo que se escape al radar de estos tecnópatas.

Es difícil determinar cual es el aspecto de esta especie, pues se adaptan a la población nativa, formando las modificaciones que necesitan para pasar desapercibidos. Por lo general solo hay un distintivo que les delata, y es el guante de luz que todo Proteano lleva en el brazo, como parte de alguna modificación de ingeniería genética que la especie se impuso mucho tiempo atrás.

El guante de luz es una máquina virtual de nanotecnología que los miembros de esta especie pueden activar para acceder a un sistema informático remoto. Se parece a un dispositivo circular que rodea el brazo y se extiende por la mano. Los humanos han intentado, sin éxito, copiar la micro-tecnología de sus vecinos. Por lo visto, parece que ese es un secreto que jamás nos desvelarán.

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