jueves, 19 de julio de 2012

Acto I (10)

De nuevo aquel zumbido ahogado. <Zzzz...> El disparo del láser alienígena ilumina la boca del cañón y lanza un rayo corrosivo. El joven ni se inmuta mientras va caminando hacia su rival, y tan solo se limita a apartarse a un lado para que el haz de anti-materia vuele inofensivo a su lado, fintando de una forma imposiblemente rápida. Es una escena demasiado calmada. El muchacho no parece que necesite esforzarse demasiado para acabar con el Invasor invencible. Simplemente desenvaina una cuchilla extraña que lleva a la espalda, en su constante avance.

Un rápido movimiento de muñeca, y el filo de aquel arma acaba en el centro de la máscara de hueso que cubre el rostro del extraterrestre, que se desploma sobre su propio peso. Justo antes de que el Xeno inerte se consuma, el muchacho susurra unas palabras junto a él, tan flojas que no llego a escucharlas. Después el alienígena se deshace en un polvo grisáceo, y las piezas de su armadura se rompen contra el duro suelo.

Para entonces el hombre ya ha enfundado su arma, y le da la espalda, de camino a la nave. Lleva el cañón del guerrero caído al hombro, como si apropiarse de los restos de aquel desgraciado fuera lo más normal de su día. Cuando me mira, hay tristeza en sus ojos. Pero solo dura un segundo, justo antes de que su mirada vuelva a lucir aquella expresión fría como el hielo. En cambio, su voz es dulce y suave, con un timbre grave, ligeramente ronco, que encuentro seductor.

-Ya ha pasado todo. -Dice él, con su calma habitual. Me hace un gesto para que le siga mientras me vuelve a sonreír. -¿Te llevamos a alguna parte?