De nuevo aquel zumbido
ahogado. <Zzzz...> El disparo del láser alienígena ilumina la
boca del cañón y lanza un rayo corrosivo. El joven ni se inmuta
mientras va caminando hacia su rival, y tan solo se limita a
apartarse a un lado para que el haz de anti-materia vuele inofensivo
a su lado, fintando de una forma imposiblemente rápida. Es una
escena demasiado calmada. El muchacho no parece que necesite
esforzarse demasiado para acabar con el Invasor invencible.
Simplemente desenvaina una cuchilla extraña que lleva a la espalda,
en su constante avance.
Un rápido movimiento de
muñeca, y el filo de aquel arma acaba en el centro de la máscara de
hueso que cubre el rostro del extraterrestre, que se desploma sobre
su propio peso. Justo antes de que el Xeno inerte se consuma,
el muchacho susurra unas palabras junto a él, tan flojas que no
llego a escucharlas. Después el alienígena se deshace en un polvo
grisáceo, y las piezas de su armadura se rompen contra el duro
suelo.
Para entonces el hombre
ya ha enfundado su arma, y le da la espalda, de camino a la nave.
Lleva el cañón del guerrero caído al hombro, como si apropiarse de
los restos de aquel desgraciado fuera lo más normal de su día.
Cuando me mira, hay tristeza en sus ojos. Pero solo dura un segundo,
justo antes de que su mirada vuelva a lucir aquella expresión fría
como el hielo. En cambio, su voz es dulce y suave, con un timbre
grave, ligeramente ronco, que encuentro seductor.
-Ya ha pasado todo. -Dice
él, con su calma habitual. Me hace un gesto para que le siga
mientras me vuelve a sonreír. -¿Te llevamos a alguna parte?