Gilda me sigue, mientras recorro agachada el pasillo circular que da al resto de habitaciones. De camino, me paro a llamar a algunas puertas, aunque solo recibo un temeroso silencio o unos gritos nerviosos como respuesta. Finalmente desisto de poder hablar con nadie del vagón de pasajeros, y alcanzo las puertas del exterior. Están cerradas, pero el frío viento de fuera se escucha con claridad, golpeando el mamparo del blindaje aislante. De pronto, mientras todavía pienso en si salir o volver a mi sala, oigo a alguien teclear el código de acceso, y la puerta se abre hacia arriba en silencio.
Son los guardias de la
Alianza. Tres de ellos. A lo lejos, veo nuestra nave. O lo que
queda de ella. Los disparos de anti-materia la han corroído por
completo, hasta dejar solo un armazón esquelético y totalmente
inservible. Mis ojos, abiertos como platos, se clavan en la horrible
escena de la cabina inferior, donde la torreta militar, y el último
soldado, son ahora una masa deforme que exhala humo. Mientras los
guardias se refugian dentro, un disparo golpea en el hombro a uno de
ellos.
El escudo reflector de la
armadura de combate terrana se ilumina a unos centímetros del
chaleco, con aquel brillo azul espectral, absorbiendo el impacto.
Pero la anti-materia se extiende a una velocidad asombrosa, rompiendo
la armadura y atravesando el brazo del hombre, que cae al suelo con
un grito de dolor. Mientras tanto, otro de sus compañeros alcanza a
teclear el código de cierre en un panel holográfico cercano, y las
compuertas vuelven a sellarse con un golpe seco.
Están demasiado ocupados
tratando de contener la corrosión del soldado caído, que ha pasado
del blindaje a la carne en un suspiro. Nadie me presta atención. A
mi lado, Gilda bufa y se eriza. Pero no está reaccionando a los
soldados, sino a lo que hay más allá de la puerta. Consiguen
levantar al herido, que se apoya con dificultad sobre la compuerta
blindada. La anti-materia ya ha atravesado la piel, y está quemando
sus músculos. Los gritos no paran, y mucha gente sale al pasillo.
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