Los Invasores
“-Maestro,
quisiera saber como viven los peces en el mar.
-Como los
hombres en la tierra: Los grandes se comen a los pequeños.”
William
Shakespeare
<Brrr> Que frío
hace en esta roca dejada de la mano de Dios. Parece que el verano,
como tantas otras cosas, afecta de un modo distinto, dependiendo de
si estás en la comodidad de casa o en una luna helada en el culo del
mundo. Pero merece la pena por descubrir los secretos que hay más
allá de las cuatro paredes que tenemos vistas. Pero me estoy
adelantando, cuando sería más correcto empezar con una
presentación.
Mi nombre es Teresa,
aunque todo el mundo me llama Ruby. Nací en el extrarradio del Velo,
en una colonia lejana llamada Orión, que nada tiene que ver
con la constelación que se ve desde la Vía Láctea. Imagino que los
primeros colonos tenían morriña de su antiguo hogar. Y no es de
extrañar. No conozco la Tierra. Todo el mundo sabe que nuestro
planeta hogar cerró las puertas para no desbordar la población que
lo ocupa. Pero de cualquier modo, puedo asegurar que nuestra pequeña
colonia no tiene nada que ver con el gran planeta azul.
Orión nunca fue
nada más que un conjunto de granjas de engorde, alrededor de un
cráter donde se había formado un estanque de agua dulce. Casi todas
las familias de los primeros colonos tenían a su cargo un tipo de
animal rechoncho que llamaban Grizzo. Decían que aquella bola
de pelo espacial con pinta de oveja era afable e inofensiva, pero a
mi siempre me habían dado algo de miedo, al ver los dos colmillos
inferiores y el cuerno que tenían en la frente.
Mi madre se ganaba la
vida ayudando en la granja de una familia china de clase media,
mientras yo salía a jugar con los otros niños en la orilla del
lago. Como siempre estaba trabajando, tuvo que criarme mi abuela. Me
enseñó todo lo que sabía, y gracias a su paciencia pude labrarme
unos estudios con los que poder salir algún día de esa roca
empobrecida. Ella siempre me decía que había heredado el amor a la
naturaleza de mi padre, y que su sangre Eldaar corría por mis
venas. Nunca llegué a conocerle.
Tal vez fuera cierto que
tengo sangre mestiza. Muchas especies avanzadas coexisten en esta
época, y llegan a amarse a pesar de las barreras culturales. No
suelen darse muchos casos de embarazo en las relaciones de estos
seres del espacio, cuando se juntan con humanos, pero ya ha ocurrido
otras veces. Mi madre no suele hablar de esa época. Solo dice que él
se largó para no verla envejecer. Para entonces, ella ya estaba
embarazada, sin que él lo supiera.
Los Eldaar viven
muchos más siglos que los humanos, y he llegado a entender que
tengan un concepto del apego distinto al nuestro. En cambio, mi madre
nunca le perdonó, y la rabia le hecho mucho daño durante este
tiempo. Esa fue una de las razones por las que me embarqué en este
viaje. No solo quería ver mundo y conocer lo que había más allá
de esta roca aburrida. También quería respuestas. Quería encontrar
a mi padre, y entender mejor lo que ocurrió. Y entenderme también a
mi misma, si es que realmente he llegado a adquirir las
características de su raza.
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