domingo, 15 de julio de 2012

Acto I (6)

De pronto, la puerta cede, atravesada por algo que no se muy bien como explicar. Por el camino, aquella cosa, que se asemeja vagamente a una mano, se encuentra con el torso del guardia herido. Los gritos se acaban de inmediato. Prácticamente, lo parte en dos, mientras todos los que observamos aquella macabra escena gritamos, plantados en el sitio. Por fin, uno de los soldados se da la vuelva para fijarse en mi, aunque tiene demasiado que hacer como para detenerse a explicarme la situación de fuera.

-Largo de aquí, chica. -Me gruñe en su lugar. -Este sitio no es seguro.

<¿Sí? ¿No me digas?> Le miro un buen rato, en shock, antes de decidirme a poner tierra de por medio entre los soldados humanos y los disparos del otro lado. Antes de correr, veo como los dos miembros de la Alianza que quedan con vida, uno de ellos es el piloto, sacan de su cinturón unos viales repletos de un líquido azul eléctrico, que brilla en la tenue luz de aquel pasillo. Aquella debe ser la Sustancia D de la que tanto se enorgullece el ejército terrano. Por un segundo me quedo más tranquila. Dicen que esa cosa no solo da poderes, sino que vuelve a los que la toman invencibles.

Como para demostrar la verdad de mis pensamientos, uno de los guardias, el supervisor, extiende la mano abierta hacia arriba. De la palma brotan llamas que rodean todo el puño sin quemarle. En sus ojos hay un brillo demente, mientras se aleja un par de pasos y espera a que la compuerta se abra para chamuscar al primer alien que la cruce. El otro, el piloto, no está tan acostumbrado a aquel néctar genético, y se aleja entre espasmos mientras intenta acertar al seguro corredero de su arma.

Por un segundo, nuestras miradas se cruzan. Tiene las pupilas dilatadas, de un color que ya no es negro, sino un azul cobalto en el que saltan chispas. Es el mismo color que han adquirido sus venas, dilatándose y engordando sus músculos. Se vuelve con una expresión animal en su rostro, salvaje y descontrolada, mientras de su garganta brota un rugido de furia primitiva. Extiende el arma con impaciencia, mientras aquella mano o garra espectral continúa atravesando el material de la puerta.

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