Con los motores traseros
en reposo, y manteniéndose estable con unas turbinas de gravedad a
cada lado, la fragata estelar inicia el viraje con cauta lentitud,
con las compuertas de un lado abiertas. En mi azotea, el inagotable
Xeno ya ha vuelto a la vida, incorporándose lentamente. Hay
un hombre joven en un costado de la nave, observando la escena bajo
una mira de precisión. El tirador se, igual que yo, que la nave no
llegará a aterrizar a tiempo de que el Invasor lance su
contraataque. Con calma, aquel chico le tiende el rifle a un
compañero de su tripulación, y salta.
Es una locura saltar de
una nave en pleno vuelo, aunque sea estático. Los generadores de
gravedad crean un efecto físico que permite viajar a velocidad luz
sin acabar aplastados contra la sala de motores por la tracción.
Pero al cambiar de la fuerza zero a la gravedad del planeta,
el impacto sobre el cuerpo es abrumador. Lo mejor que suele ocurrir
es un leve desmayo. Pero hay un serio riesgo de que los nervios del
cuerpo acaben dañados. En resumen: Nunca se debe saltar.
Pero aquel joven no solo
no está inconsciente cuando aterriza, sino que ha caído ileso de
una altura mayor a los diez metros, a unos pasos de donde me
encuentro. Me dedica una fría sonrisa antes de que sus ojos me
adviertan que me quede quieta. El Invasor, que había estado
apuntándome maliciosamente con su cañón, dirige el arma hacia
aquel recién llegado. No solo es, evidentemente, una amenaza más
urgente; ese mismo joven también es el que le había disparado desde
la nave. Ese día descubrí lo rencoroso que podía ser un Xeno...
A aquel joven no parece
intimidarle el enorme cañón láser de anti-materia del alienígena.
Avanza hacia él con la misma tranquilidad con la que se ha lanzado
al vacío. Mientras lo miro, tengo claro que aquel muchacho bravucón
va a correr la misma suerte que los soldados y los pasajeros que nos
habíamos refugiado en el piso de abajo. No lleva armadura de ninguna
clase. Probablemente crea que el campo de escudo, si es que lleva,
será capaz de absorber el haz enemigo. <Iluso...>
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